Te había gritado que eras un imbécil a los diez minutos de haberte conocido, y tú me habías llamado «niñita estúpida» unas cien veces en la discusión. Eso no era llevarse bien. A decir verdad, creo que fue un comienzo caótico. Sin embargo, tu madre una vez me dijo que esos inicios son los mejores. Creo que tuvo razón.